Cuando hablamos de navegadores web y privacidad, da la sensación de que ya está todo dicho: «Chrome es el malo, Firefox es el bueno y los demás andan entre medias», comentan nuestros compañeros de MC en un análisis de situación muy interesante en una época en que el apartado de la privacidad cotiza al alza en el mundo digital ante los desmanes conocidos en los últimos tiempos.
La realidad es más compleja y las tonterías no ayudan. Primero, porque no te puedes fiar de lo que te cuentan las partes; segundo, porque es uno mismo quien se tiene que preocupar de lo que usa y de cómo lo usa. Me refiero a cómo se venden los navegadores y a lo que hace el usuario al respecto.
Así, hay quien se cree que por el mero hecho de utilizar Firefox en lugar de Chrome ya navega con mayor privacidad, y quien sabe que configurando bien Chrome puede conseguir un nivel de privacidad equiparable e incluso superior al que ofrece Firefox por defecto. Aunque sucede lo mismo con Firefox: si sabes qué tocar, tu privacidad mejorará sustancialmente.
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